El campesino es un hombre fiado de Dios, que mira al cielo espectante y agradecido, sabe interpretar sus señales y reza para que el buen Dios le conceda sol en abundancia, lluvia suave sobre sus campos, noches serenas y tranquilas, de vez en cuando una tormenta para auyentar las plagas,mañanas llenas de rocio, y sobre todo una cosecha abundante.
Y los árboles, los olivos concretamente, por el cuidado que los hombres les regalan, siempre fieles a su quehacer en este mundo, ofrecen su fruto maravilloso, único y siempre diferente en color, calibre y sabor, " la aceituna ".
Antonio y yo, y nuestra hija Maribel, que cuando puede nos ayuda, hemos empezado como todos los años la cosecha, despacio, en meditación profunda, trabajo duro pero gratificante, uno a uno, vamos repasando los árboles con sus ramas inclinadas al suelo, al recoger su fruto limpio y preciado, acariciando con nuestras manos las ramas, las hojas, para no dañar nunca al árbol, las ramas suben ya libres y ligeras hacia el cielo, han cumplido su misión, dar lo mejor que tenían y agradecidas vuelven otra vez sus puntas hacia el azul que les da calor y cobijo.
Acompañados por el canto de los pájaros, cuidando de no dañar ningún nido, pasamos horas y hora, días y días recolectando con cariño el frutode esos árboles, que nos dará un aceite extraordinario como siempre, sin contaminantes ni insecticidas, que solo viven bajo el cileo y sus bondades, regados con agua limpia, cristalina y dulce, y bajo nuestro cuiddo, que es de cariño, y ellos lo saben, y es por todo eso, por lo que año tras año nos lo agradecen.
Gracias Madre Naturaleza por no saber de crisis, gracias por no dejarte afectar por los problemas del ser humano.
Gracias Dios mío, por permitir a nuestra madre la bendita tierra que cuide de nosotros.
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